Una Mentira VivienteEl correo electrónico de un lector decía que mientras Hillary Clinton miente, Barack Obama es en sí mismo una mentira. Con cada nueva revelación, está llegando a ser penosamente evidente el drástico contraste de su imagen cuidadosamente creada en este año electoral con lo que en realidad ha estado diciendo y haciendo durante muchos años.
La imagen electoral del senador Obama es la de un hombre que puede unir al país, superando diferencias de partido o de raza, que puede solucionar nuestros problemas internacionales hablando con Irán y otros países con los cuales estamos en desacuerdo y también puede ejecutar otros milagros varios según se vaya necesitando. Por supuesto, no hay ni pizca de evidencia de que Obama siempre haya superado las diferencias de partido en el Senado de Estados Unidos. El historial de las votaciones analizado por el National Journal muestran que está en la izquierda más radical de cualquier persona en el Senado. Tampoco ha sido autor de ningun proyecto de ley bipartito de importancia -- y en realidad, de ningun proyecto de ley de importancia. El senador Obama es mucho ruido y pocas nueces -- mucha labia, charlatanería vibrante, palabrería convincente, pero a la postre, es sólo eso, pura palabrería. Algo de esa charlatanería reciente en San Francisco ha provocado una polémica porque ha revelado otra patente contradicción entre la imagen pública de Barack Obama y su realidad. Hablando en privado a partidarios en la extremadamente progre San Francisco, Obama se desinhibió y se puso a describir a la clase trabajadora de Pensilvania como tan "amargada" que "se aferra a sus armas, a la religión o a sentir antipatía por la gente que no es como ellos". Al igual que tantas otras cosas que Obama ha dicho y hecho durante años, esto es material estándar de la izquierda radical, donde las armas y la religión son vistas como pruebas de disfunción psicológica y donde las opiniones distintas a las de la izquierda se atribuyen a las emociones ("amargadas" en este caso), en lugar de a argumentos que necesitan respuesta. Como tantos otros en la izquierda, Obama rechaza los "estereotipos" cuando son estereotipos que a él no le gustan pero él sí lanza alegremente sus propios estereotipos sobre "una persona blanca típica" o la "amargada" clase obrera armada hasta los dientes, religiosa y racista.
En política, cuanto más claras son unas declaraciones, más probable es que vengan seguidas de una "clarificación" al ver que la gente reacciona contrariamente a lo que se dijo tan llanamente. Obama y sus partidarios seguían estando ocupados "clarificando" los muy claros pronunciamientos de Jeremiah Wright cuando, de pronto, se han visto en la necesidad de tener que "clarificar" las propias declaraciones del senador Obama en San Francisco. La gente que ha estado animando a los delatores durante años repentinamente han delatado a la persona que contó lo que Obama dijo en privado ya que es tan contradictorio a lo que ha estado diciendo en público. Aunque las palabras de Obama hayan sido inconsistentes, su comportamiento han sido destacadamente consistente por años. Él ha buscado y se ha unido a la izquierda radical, antioccidental, fuese con Jeremiah Wright, William Ayers de la organización terrorista Weatherman Underground o con el pro-palestino y antiisraelí Rachid Jalidi. Obama es también parte de una larga tradición izquierdista que consiste en estar con la clase obrera en abstracto, o como gente potencialmente útil para los propósitos de la izquierda, pero por los que sienten desdén o desprecio como seres humanos. Carlos Marx decía que "la clase obrera es revolucionaria o no es nada". En otras palabras, solamente importaba mientras estuviera dispuesta a llevar a cabo la agenda marxista. El socialista fabiano George Bernard Shaw incluía a la clase obrera entre la gente "detestable" que "no tiene ningún derecho a vivir". Y agregaba: "Me desesperaría si no supiera que todos ellos se morirán dentro de poco y que no hay necesidad en el planeta de que sean sustituidos por otros como ellos mismos". Declaraciones similares en la izquierda datan desde Rousseau en el siglo XVIII y van aflorando en nuestros días. Es comprensible que la gente joven se sienta tan fuertemente atraída por Obama. Juventud es otro nombre para inexperiencia, la experiencia es lo que más hace falta cuando uno se enfrenta a demagogos expertos y carismáticos. Aquellos de nosotros lo bastante viejos para haber visto ese tipo de gente una y otra vez durante el transcurrir de los años, ya no los encontramos emocionantes. Son más bien tan aburridos como peligrosos. Si quiere saber más sobre Thomas Sowell y leer artículos de otros columnistas y caricaturistas de Creators Syndicate, visite nuestra web www.creators.com. Thomas Sowell es especialista decano de la Institución Hoover en la Universidad de Stanford, Stanford, CA 94305. Su página web es www.tsowell.com.
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