Se está culpando al Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) porque los puestos de trabajo se estén yendo a otros lares. Barack Obama responsabiliza a la administración Clinton por el TLCAN y eso incluye a Hillary Clinton.
El senador Obama afirma estar a favor del libre comercio, siempre y cuando sea "comercio justo". En año electoral, es retórica de altos vuelos.
Dado que "justo" es una de esas palabras que pueden significar prácticamente cualquier cosa para cualquier persona, a lo que equivale es a que los políticos pueden imponer cualquier restricción que se les antoje en nombre de ser justos y poder seguir diciendo al mismo tiempo que están a favor del "libre comercio". Un juego astuto.
Todos tendremos que pagar el precio de las restricciones políticas y la astucia retórica ya que nada es gratis. De hecho, el pensar que hay cosas gratis es una gran parte del porqué aquellas regiones otrora tan prósperas se han convertido en "El Cinturón del Óxido".
Cuando la industria automovilística americana era líder mundial, mucha gente creyó que los sindicatos podrían transferir una mayor parte de esa prosperidad a sus miembros sin que esto tuviera repercusiones económicas.
Toyota, Honda y otras compañías que fueron quitándole más y más cuota de mercado a los "3 Grandes" desembocando en enormes pérdidas de empleos en Detroit demostraron una vez más la vigencia del viejo y manido dicho que reza: No hay nada gratis.
Al igual que el sindicato UAW en sus días de gloria, los sindicatos de la industria del acero y de otros sectores apilaron costos sobre costos, no sólo los salarios tenían poco que ver con la oferta y la demanda, sino que impusieron todo tipo de regulaciones laborales que también añadieron a la lista de costos.
Los gobiernos estatales y locales de lo que más tarde se convirtió en el cinturón del óxido también creyeron que ellos podían tratar a las empresas bajo su jurisdicción como presas fáciles en vez de verlas como activos y se llevaron a las arcas estatales y locales más de la riqueza generada por estas industrias con impuestos cada vez más altos -- nuevamente sin pensar en las
repercusiones.
A corto plazo, uno siempre puede salir impune. Pero a largo plazo, los efectos negativos siempre se dejan sentir. En el cínturón del óxido es donde esos crecientes costos se están dejando sentir.
Mientras las empresas automovilísticas americanas están despidiendo a miles de trabajadores, los fabricantes japoneses como Toyota y Honda están contratando a miles de trabajadores americanos. Pero no lo están haciendo en la zona del cinturón del óxido.
Estas compañías evitan ir por esas zonas al igual que las empresas nacionales están evitando los altos costos que los sindicatos y los gobiernos de la zona del cinturón del óxido han estado apilando sobre las empresas durante años.
En pocas palabras, la zona del cinturón del óxido ha matado a la gallina de los huevos de oro. Es una estrategia política viable siempre y cuando la gallina no se muera antes de las próximas elecciones y los políticos puedan evitar dejar sus huellas en el arma del crimen.
Pero la gente que perdió su trabajo y que vive en zonas en declive necesitan ir más allá de la retórica política y aceptar la cruel realidad: No hay nada gratis.
Muchos trabajadores en las nuevas instalaciones que Toyota y otras compañías están construyendo parecen haber entendido eso. Y han votado una y otra vez en contra de ser representados por sindicatos. Quieren conservar su trabajo.
¿Y qué tiene que ver el TLCAN en todo esto?
El comercio internacional es sólo una de las muchas formas en que la competitividad de los que producen a menor costo puede hacer que los que producen a mayor costo pierdan clientes y trabajos. Los avances tecnológicos o mejores prácticas administrativas de los competidores nacionales pueden producir el mismo resultado.
Los empleos siempre están desapareciendo. La gran pregunta es por qué no están siendo reemplazados con nuevos empleos. La política del cinturón del óxido que ahuyentó los antiguos empleos también mantuvo fuera a los nuevos.
El TLCAN hace que los políticos lo tengan más fácil a la hora de echarle la culpa a los extranjeros. De hecho, los extranjeros son el chivo expiatorio perfecto para los políticos. Después de todo, ni la gente en el Japón ni en la India votan en las elecciones americanas.
Los americanos que pueden votar harían bien si empezaran a dedicar más tiempo pensando en la realidad económica en vez de dejarse llevar por la retórica política.
Si quiere saber más sobre Thomas Sowell y leer artículos de otros columnistas y caricaturistas de Creators Syndicate, visite nuestra web www.creators.com. Thomas Sowell es especialista decano de la Institución Hoover en la Universidad de Stanford, Stanford, CA 94305. Su página web es www.tsowell.com.
(C)2008 CREATORS SYNDICATE, INC.
(C)2008 TRADUCIDO POR MIRYAM LINDBERG
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