Desde 1972 que no nos presentan 2 candidatos tan penosamente deficientes. Cuando llegó el día de votar en aquel año, no era capaz de votar ni por George McGovern ni por Richard Nixon. Me quedé en casa.
Este año ninguno de nosotros se puede dar ese lujo. Mientras que los medios dan rienda suelta a sus emociones y la política es pura pose, el patrocinador nacional más grande de terrorismo en el mundo -- Irán -- va avanzando gradualmente hacia la construcción de una bomba nuclear.
Cuando lleguen al punto de haber conseguido esa bomba, ése será el punto de no retorno. La bomba nuclear de Irán será la bomba nuclear de los terroristas y ellos pueden hacer que el 11-S parezca un juego de niños.
Todas las opciones que ahora están en la mesa habrán sido barridas para siempre. Nuestras opciones se reducirán a transigir ante las exigencias de los terroristas -- sin importar lo indignantes que éstas puedan ser -- o si no nos arriesgamos a ver cómo empiezan a desaparecer ciudades americanas bajo hongos atómicos.
Todas las cosas con las que andamos preocupados hoy en día, desde el precio de la gasolina, pasando por la atención sanitaria, hasta el calentamiento global del planeta, de pronto ya no tendrán importancia.
Al igual que para los nazis no fue suficiente simplemente matar a la gente en sus campos de concentración, sino que primero tenían que humillarla y deshumanizarla, lo mismo nos podemos esperar de los terroristas con armas nucleares, nos humillarán y nos forzarán a humillarnos antes de que finalmente empiecen a matarnos.
Ya nos han anunciado sus golpes con sus sádicos decapitamientos de civiles inocentes y con la popularidad de los vídeos mostrando esas decapitaciones en Oriente Medio.
Ya nos han anunciado sus intenciones de decretar lo que debemos hacer con hechos como las amenazas de Osama bin Laden de tener como objetivo esos lugares en Estados Unidos que no votasen en las elecciones de 2004 tal como él dictaminó. Él no podía cumplir esas amenazas pero puede que sí tenga esa capacidad en pocos años.
Los terroristas nos han dado una imagen muy clara de lo que son al igual que Adolf Hitler y los nazis hicieron durante los años 30 -- y nuestros "líderes" y la élite intelectual han ignorado las señales de advertencia tan resolutamente como los "líderes" y la élite intelectual de los años 30 restaron importancia al peligro de Hitler.
Nos parecemos mucho a esa gente que va río abajo del Niágara, ajenos a que un poco más allá están las cataratas.
¿Y qué tiene que ver todo esto con los candidatos presidenciales de hoy? Tiene mucho que ver.
Uno de esos candidatos determinará lo que vamos a hacer para detener la realidad de un Irán nuclear -- o si lo único que vamos a hacer es hablar, al igual que hicieron los líderes occidentales en los años 30.
Hay una gran diferencia entre hoy y los años 30. A pesar de que la falta de preparación militar de Occidente y de su indecisión política desembocaron en 3 años de pérdidas devastadoras ante la Alemania nazi y el Japón imperial, no obstante cuando todas las fuerzas industriales y militares de Occidente finalmente se movilizaron, las democracias pudieron darle la vuelta a la situación y ganar de forma decisiva.
Pero no se puede perder una guerra nuclear durante 3 años y después resurgir. Ni siquiera se puede mantener viva la voluntad de resistirse durante 3 años en los que primero le destrozan a uno la moral con amenazas para después verse devastado por bombas nucleares.
Nuestra única oportunidad para evitar esto tendrá lugar en el próximo mandato de aquel que se convierta en presidente de Estados Unidos en enero.
En un momento como éste, no nos podemos dar el lujo de esperar por nuestro candidato ideal o de sucumbir al deseo de ventilar nuestras emociones votando por el candidato de algún tercer partido para demostrar nuestro descontento a costa de poner a alguien en la Casa Blanca que no esté a la altura del trabajo.
En esta misma columna he criticado al senador John McCain muchas veces. Pero, al fin y al cabo, el senador McCain no se ha pasado décadas ayudando y secundando a gente que odia a Estados Unidos.
Por el contrario, él ha pagado un precio enorme por resistirse a nuestros enemigos, incluso cuando fue su prisionero y lo torturaron. La opción entre él y Barack Obama debería ser perfectamente obvia.
Si quiere saber más sobre Thomas Sowell y leer artículos de otros columnistas y caricaturistas de Creators Syndicate, visite nuestra web www.creators.com. Thomas Sowell es especialista decano de la Institución Hoover en la Universidad de Stanford, Stanford, CA 94305. Su página web es www.tsowell.com.
(C)2008 CREATORS SYNDICATE, INC.
(C)2008 TRADUCIDO POR MIRYAM LINDBERG
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