La Cobarde Turba De LinchamientoJusto antes de que el Fiscal general de Carolina del Norte apareciera en televisión para anunciar su decisión sobre el caso de "violación" de Duke University, uno de los muchos experimentados comentaristas legales de la tele dijo que el Fiscal general Roy Cooper probablemente usaría las palabras "evidencia insuficiente" pero no la palabra "inocente" al anunciar el sobreseimiento del caso.
Pero lo que sucedido fue que el Fiscal general sí usó la palabra "inocente" diciendo que él y su personal consideraban inocentes a los alumnos acusados. Era lo único decente que podía hacer. Hacer menos que eso habría permitido que la fea acusación los persiguiera de por vida, y dentro de algunos años cuando todos los detalles de esta sórdida historia se hayan olvidado por completo, se cerniera sobre sus cabezas la sospecha de que se libraron gracias a un tecnicismo legal. ¡Cuánta diferencia hace un año! Hace un año, había una atmósfera de turba de linchamiento contra los estudiantes acusados -- desde el campus de Duke University hasta los medios de comunicación nacionales, y eso incluía la sede local de Asociación Nacional para el Progreso de la Gente de Color (NAACP) y al omnipresente Jesse Jackson. Se trataba de adinerados estudiantes blancos y una pobre mujer negra que los acusaba de violación. Para aquellos inmersos en la nueva sagrada trinidad de "raza, clase y género", ¿que más hacía falta saber para escoger de qué lado estar? La universidad suspendió a los alumnos cuando se presentó la acusación contra ellos, cancelaron todo el calendario del equipo de lacrosse para el que jugaban y se deshicieron del entrenador. Al ex presidente de la Universidad de Princeton William Bowen -- un crítico de los deportes universitarios -- y al presidente de la sede local de la NAACP se les solicitó que emitieran un informe en el que se quejaban de que Duke no había actuado con la suficiente diligencia. Mientras tanto, 88 miembros del profesorado de Duke publicaron un anuncio en el periódico del campus denunciando el racismo. Entre otras cosas, el anuncio decía: "lo que es palpable cada día ahora es la rabia y el miedo de muchos alumnos que se saben objetos del racismo y del sexismo". Con respecto a las protesas callejeras y amenazas estruendosamente ventiladas por algunas personas negras de la zona, como consecuencia de las acusaciones contra los alumnos del equipo de lacrosse, el aviso decía: "Estamos subiendo el volumen en un momento en el que a los más vulnerables de entre nosotros se les pide que se callen mientras esperamos.
Este año, después de que todas las acusaciones se han derrumbado como un castillo de naipes, la turba de linchamiento del campus -- incluyendo al presidente de Duke University Richard H. Brodhead -- están dando marcha atrás a toda prisa y lavándose las manos como Poncio Pilatos. Niegan que alguna vez hayan dicho que los alumnos eran culpables. Claro que no. Simplemente actuaron como si hubiera sido un hecho consumado, mientras se cubrían las espaldas con una puerta de escape. Ya está bastante mal ser parte de una turba de linchamiento. Pero peor es negar que uno es parte de la turba mientras se sostiene la soga en las manos. Lo que es aún más importante que limpiar los nombres de los 3 jóvenes acusados de un crimen atroz es asegurarse de que el hombre responsable de esta farsa de la justicia -- el fiscal de distrito Michael Nifong -- pague muy caro lo que hizo. El Colegio de Abogados del estado investigando a Nifong debe entender que este caso es algo mucho más grande que Nifong. Si los fiscales pueden arrastar a la gente por el fango y mantener acusaciones de delitos graves cerniéndose sobre su cabeza mucho después de que toda la evidencia señala lo contrario de lo que se le acusa, entonces cualquiera de nosotros, en cualquier lugar, puede ser sometido a un infierno viviente cuando se le antoje al fiscal general por capricho o por su agenda política. Mucho se ha opinado sobre que los alumnos de Duke vienen de familias acomodadas. Han tenido suerte, ellos y todos nosotros. No todos cuentan con un millón de dólares extra por ahí arrumado para enfrentarse a falsas acusaciones. Su lucha es nuestra lucha. Este caso enviará un mensaje, de una u otra forma, a los fiscales de todo Estados Unidos. O bien se puede arrastar a la gente a un infierno con toda impunidad y sin una pizca de evidencia -- a pesar de otras evidencias -- o no se puede. Este caso ya ha enviado un mensaje sobre el tipo de gusanos cobardes en nuestros campus universitarios, incluyendo nuestras más prestigiosas instituciones. Si quiere saber más sobre Thomas Sowell y leer artículos de otros columnistas y caricaturistas de Creators Syndicate, visite nuestra web en www.creators.com. Thomas Sowell es especialista decano de la Institución Hoover en la Universidad de Stanford, Stanford, CA 94305. Su página web es www.tsowell.com.
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