Hasta Probar Su InocenciaAlgunos de los correos electrónicos más deprimentes que he recibido durante el último año y medio han sido los que preguntaban por qué me preocupaba tanto por tres chicos ricos blancos de la Universidad de Duke.
Ni esos tres estudiantes acusados de violación ni el fiscal de distrito que los acusó son el asunto primordial. Si todos los fiscales de distrito de Estados Unidos fueran como Michael Nifong, nuestro país se convertiría en la república bananera más grande del mundo. Semejantes niveles de corrupción en la ley harían inviable el estándar de vida americano. Una dieta constante de polarización racial como la que Nifong promovió haría que sólo fuese cuestión de tiempo antes de que viéramos en Estados Unidos la clase de violencia que se ve entre sunníes y chiítas en Bagdad. El "Estado de Derecho" no es sólo una frase oportuna. Es la base sobre la cual se construye todo lo demás. "Inocente hasta que se demuestre lo contrario" tampoco es simplemente una frase de usar y tirar. La idea opuesta -- culpable hasta que se demuestre su inocencia -- es una importación del mundo totalitario más venenosa que los juguetes con pintura de plomo importados de China. Until proven innocent (Hasta probar su inocencia) es el título de un devastador libro nuevo escrito por Stuart Taylor y K.C. Johnson sobre la acusación de violación contra los jugadores de lacrosse de la Universidad de Duke -- y sobre tanta gente en los medios de comunicación y el mundo académico que los trataron como culpables hasta que se demostró su inocencia. Incluso los que seguimos el caso desde el principio nos enteraremos mucho más de lo que pasó, tanto a primera vista como entre bastidores, gracias a este libro excepcional. Más importante aún, nos enteraremos de algunos detalles escalofriantes sobre lo profundo de la corrupción moral entre algunas de las instituciones básicas de las que depende esta nación, incluyendo sus principales universidades y sus destacados medios de comunicación. "Hasta probar su inocencia" también nos cuenta sobre una de las víctimas olvidadas del caso de violación de Duke -- el taxista africano que despertó la primera duda sobre la acusación al decir públicamente que uno de los jóvenes acusados estaba con él en su taxi en el momento que supuestamente estaba sucediendo la violación. Una acusación endeble de hacía 3 años contra el taxista de pronto cobró vida nuevamente y el fiscal de distrito Michael Nifong hizo que la policía arrestara al taxista, se le procesara y llevase a juicio- donde el juez lo absolvió rápidamente.
¿Podría sobrevivir este país como nación libre si cada fiscal de distrito utilizara el poder de ese cargo para intimidar a algún testigo cuyo testimonio minara el caso de la acusación? De hecho, ¿cuánto tiempo sobreviviremos como nación libre cuando nuestras principales universidades están graduando anualmente a miles de estudiantes y cada uno de ellos sale empapado con la idea que uno puede decidir en temas de correcto e incorrecto, de culpabilidad o inocencia, basándose en "raza, clase y género" de los implicados? Eso es lo que una gran parte del profesorado de la Universidad de Duke hizo, mientras pocos miembros se atrevieron a decir algo contra ellos o contra la rendición de la administración de Duke a la atmósfera de linchamiento avivada en el campus. Igualmente, en muchos de los medios de comunicación, trataron a los estudiantes como culpables hasta que se demostrara su inocencia y aquellos que dijeron lo contrario se vieron a menudo ferozmente atacados. Las integrantes del equipo femenino de lacrosse de la Universidad de Duke que expresaron su confianza en que los jugadores masculinos de lacrosse eran inocentes fueron atacadas sin piedad en la sección de deportes del New York Times. Ni tampoco fue el único lugar donde la culpabilidad de los jugadores prácticamente se dio por hecho, fuese en las páginas de deportes del New York Times o en otras secciones del mismo o en otros periódicos. No obstante, permítanme corregir una afirmación errónea que hice recientemente en esta columna acerca de que la página editorial del New York Times daba la misma impresión que su cobertura de noticias en la que se acusaba de culpabilidad a los estudiantes. Un correo electrónico del editor de esa página dice que no hubo editorial sobre ese tema. Después de una investigación preliminar, estoy dispuesto a admitir ese punto y a hacer esta corrección. Las páginas de deportes, las de noticias y la página editorial son cosas distintas. Sólo desearía que otros en los medios de comunicación y el mundo académico ofrecieran sus rectificaciones en temas mucho más amplios y serios con implicaciones mucho más profundas para el futuro del país. Si quiere saber más sobre Thomas Sowell y leer artículos de otros columnistas y caricaturistas de Creators Syndicate, visite nuestra web www.creators.com. Thomas Sowell es especialista decano de la Institución Hoover en la Universidad de Stanford, Stanford, CA 94305. Su página web es www.tsowell.com.
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