El Estado De Derecho Versus La Ley De La CalleEs doloroso -- y peligroso -- lo poco que aprendemos de la historia, incluso aunque sea historia reciente.
Hace un año apenas, las acusaciones de "violación" desataron la histeria de las turbas enardecidas dispuestas a linchar a alumnos de la Universidad Duke y en muchos de los medios de comunicación progres, mientras que espabilados profesionales en la explotación del tema racial invadieron la ciudad de Durham en Carolina del Norte y los extremistas de la comunidad negra local se encargaron de fomentar un tribalismo sin sentido. Este año, todos nos hemos enterado que el caso era un fraude total de principio a fin. Y con todo eso, ahora vemos un arrebato similar de tribalismo sin sentido y de otra tentativa de imponer la ley de la calle promovidos por semejantes veteranos de la histeria del año pasado como Jesse Jackson. Esta vez la escena es en Jena, Luisiana. El asunto es el juicio de un estudiante negro de la secundaria acusado de pisotear a un estudiante blanco que estaba inconsciente -- y la falta de procesamiento criminal de unos alumnos blancos que colgaron un dogal en un árbol y a los que la escuela sancionó. La destreza de los progres para la equivalencia moral se ha perfeccionado con tanta exquisitez durante los largos años de la guerra fría que han convertido esto en un caso de "tratamiento desigual" basándose en la raza -- como si colgar de un árbol un dogal fuese equivalente a pisotear a una persona que está inconsciente. Al estudiante negro lo encontraron culpable pero el veredicto fue revocado en la apelación -- no por que no fuese culpable, sino porque el tribunal de apelaciones no creía que debería haber sido juzgado como adulto. El procedimiento legal normal sería juzgar al alumno nuevamente, pero esta vez no como adulto. Sin embargo, los procedimientos legales normales no son lo bastante buenos para los que han aprovechado de nuevo la oportunidad de explotar el tema racial -- y váyanse a hacer puñetas con las cuestiones de culpabilidad, inocencia o procedimientos legales. La exigencia inmediata de las turbas que se han movilizado en todo el país para invadir la pequeña ciudad de Jena es que el joven al que se encontró culpable de un grave crimen violento debe estar libre bajo fianza a la espera del segundo juicio. La pregunta legal es si dejar que esté libre bajo fianza alguien acusado de un crimen aunque probablemente signifique que no quede por esos lares lo suficiente como para el segundo juicio.
La explotación del tema racial ha sustituido toda argumentación racional. Además, el suceso de Jena ha demostrado que todos pueden jugar el juego de la explotación racial. Los neonazis han publicado los nombres y las direcciones de todos los jóvenes negros implicados en el incidente de la escuela. El eslógan "Si no hay justicia, no hay paz" se ha usado para justificar el tener que dirimir los asuntos legales en la calle, en vez de en los tribunales. Los neonazis han ayudado a demostrar ahora lo peligroso que ese eslógan es, ya que distintas personas tienen distintas ideas de lo que es la "justicia" en una situación dada. Mucho después que los manifestantes importados se hayan ido y los medios de comunicación hayan perdido el interés, las familias de los jóvenes negros implicados en el altercado escolar tendrán que vivir sabiendo que ya perdieron tanto su privacidad como su seguridad en una comunidad racial polarizada, con elementos vengativos. Lo último que le hace falta al Sur es una vuelta a la justicia de linchamiento, sea cual sea el color de quien la está promoviendo. Allá por los años 50, cuando los tribunales federales comenzaron a eliminar las leyes de Jim Crow en el Sur, una de las crecientes exigencias en todo el país era que los discriminadores y segregacionistas obedecieran "la ley del país". Pero de alguna forma a lo largo del camino, surgió y se extendió la idea que no todos tendrían que obedecer "la ley del país". Las violaciones de la ley por gente con estatus aprobado de víctima, por ejemplo las minorías o los paladines moralistas como los ecologistas, debían encontrar mínima resistencia -- acaso si alguna -- y cualquier castigo contra ellos más allá de un tironcillo de orejas sería exagerar. Los campus universitarios se convirtieron en bastiones de la nueva y santificada ley de la calle, a condición de que sea ejercida por grupos en la lista de aprobados como políticamente correctos. Si no, incluso una observación imprudente podría dar lugar a una represalia inmediata y certera bajo los "códigos de lenguaje". La política de condonar que se infringa la ley es parte de la putrefacción moral de nuestra época. También lo es dirimir los asuntos en la calle pretextando el tema racial en vez en que se haga en los tribunales con la ley en la mano. Si quiere saber más sobre Thomas Sowell y leer artículos de otros columnistas y caricaturistas de Creators Syndicate, visite nuestra web www.creators.com. Thomas Sowell es especialista decano de la Institución Hoover en la Universidad de Stanford, Stanford, CA 94305. Su página web es www.tsowell.com.
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