Las encuestas y las primarias responderán este interrogante.
La gran pregunta sin preguntar para el senador Obama es la que se hizo sobre el presidente Nixon durante el escándalo Watergate: ¿Qué sabía y cuándo lo supo?
Aunque ahora el senador Obama pretenda hacernos creer que está escandalizado, conmocionado por lo que Jeremiah Wright dijo, que él no estaba en la iglesia cuando el pastor Wright dijo esas cosas desde el púlpito, eso sigue dejando en el aire la pregunta del porqué saco a Wright de la lista de invitados al evento en el que anunciaría su candidatura a la nominación presidencial por el Partido Demócrata hace un año.
Bien Barack Obama o su equipo debían haber sabido entonces que Jeremiah Wright no era alguien al que quisieran dar a conocer en los medios y que se pudiera tener que someter al escrutinio de esos medios de comunicación.
¿Por qué no? Si es sólo ahora que el senador Obama se está enterando por primera vez, para su sorpresa, del tipo de cosas que Jeremiah Wright ha estado diciendo y haciendo.
No era necesario estar en la iglesia el día que Wright hizo sus comentarios incendiarios y obscenos para enterarse de los mismos.
Los periodistas de los noticieros por cable que están poniendo las cintas de esos sermones no estaban allí. Las cintas estaban a la venta en la mismísima iglesia. Obama lo sabía porque él mismo había comprado una o varias de las cintas.
Pero incluso aunque no hubiera cintas, incluso si Obama nunca hubiera oído de boca de los otros feligreses de esa iglesia lo que su pastor estaba diciendo, él se ha pasado 20 años yendo a esa iglesia y no precisamente como un feligrés común y corriente sino como alguien que en una ocasión donó 20.000 dólares a esta iglesia.
Es imposible que él no supiera de las diatribas antiamericanas y racistas de Jeremiah Wright lanzadas desde el púlpito.
Alguna vez dijo alguien que la tarea del estafador no es convencer a los escépticos sino permitir que la gente siga creyendo lo que de por sí quiere creer.
Consecuentemente, el discurso de Obama en Filadelfia – obra maestra del arte escénico – probablemente calme a la mayoría de los demócratas y a unos cuantos partidarios de Obama.
Al igual que los simulacros de juicio soviéticos durante las purgas de los años 30, el discurso de Obama no estaba pensado para convencer a los críticos sino para tranquilizar a partidarios y compañeros de viaje, así podrá seguir usando a los “tontos útiles”.
El último libro del escritor superventas Shelby Steele sobre Barack Obama (A Bound Man, Un hombre limitado) contiene revelaciones muy útiles sobre el hombre y las circunstancias a las que se enfrentan muchos otros negros –especialmente aquellos que nunca formaron parte de la cultura negra del gueto pero que sienten la necesidad de identificarse con ella por motivos personales, políticos o materiales.
Al igual que los conversos religiosos que se vuelven más papistas que el Papa, esta gente a menudo se convierte en más negra que nadie. Cual fuere el motivo, Barack Obama escogió una iglesia negra extremista hace décadas en Chicago – aunque no había escasez alguna de iglesias muy diversas, tanto negras como blancas.
Hay gente que dice que lo que Obama buscaba era ganarse la credibilidad en las calles del gueto para facilitar su labor como activista de la comunidad o debido a su carrera política. Quizá nunca sepamos el porqué.
Pero ahora que Barack Obama es candidato para la nominación presidencial, lo está haciendo sobre una base radicalmente distinta, como un candidato posracial excepcionalmente preparado para que todos nos unamos alrededor de su figura.
No obstante, el pasado continúa persiguiéndolo, a pesar de sus propios intentos de enterrarlo y los intentos de los principales medios de comunicación para ignorar ese pasado o encontrarle alguna justificación.
Shelby Steele pinta a Barack Obama como un hombre sin verdaderas convicciones, “una figura icónica que se olvidó de convertirse en sí mismo”.
En el mejor de los casos, el senador Obama ha sido un icono, capaz de llenar las necesidades psicológicas de otras personas gracias a su facilidad de palabra — y esto incluye la necesidad de erradicar la culpa blanca apoyando su candidatura.
Pero ¿que sea presidente de Estados Unidos en un momento de peligro nacional y bajo la inminente amenaza del terrorismo nuclear? Ni hablar.
Si quiere saber más sobre Thomas Sowell y leer artículos de otros columnistas y caricaturistas de Creators Syndicate, visite nuestra web www.creators.com. Thomas Sowell es especialista decano de la Institución Hoover en la Universidad de Stanford, Stanford, CA 94305. Su página web es www.tsowell.com.
©2008 CREATORS SYNDICATE, INC.
©2008 TRADUCIDO POR MIRYAM LINDBERG
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