El Aspecto Económico De La Educacion Universitaria: Parte III¿Por qué cuesta tanto en Estados Unidos estudiar en la universidad?
Hay dos razones básicas. La primera es que la gente está dispuesta a pagar lo que cobran las universidades. La segunda es que hay pocos incentivos para que las universidades reduzcan el precio que cobran. Los que quieren que el gobierno dé subvenciones para ayudar a cubrir el alto costo de los estudios universitarios parece que no toman en consideración que quizá sean las subvenciones del gobierno las que pueden haber contribuido al alto costo de la universidad en primer lugar. En cualquier clase de transacción económica, raras veces tiene sentido cobrar precios tan altos que muy pocas personas puedan permitirse pagarlos. Pero, con el gobierno listo para inmiscuirse y ayudar cuando el precio es "inasequible", ¿por qué no cobrar más que lo que los interesados puedan pagar y dejar que el tío Sam pague la diferencia? El presidente de una universidad pequeña me dijo una vez que si él cobrara un precio asequible, incluso una institución de su tamaño, perdería millones de dólares en dinero del gobierno cada año. En una situación normal de mercado, toda empresa que compite tiene un incentivo para bajar precios si eso sirve para atraer negocios, alejarlos de los competidores y aumentar sus propios beneficios. Desafortunadamente, el mundo académico no representa una situación normal de mercado. Algunas formas de recortar costos que una empresa normal podría utilizar no están disponibles para una universidad debido a las restricciones de las agencias de acreditación y de la Asociación Americana de Catedráticos Universitarios. Allá a principios de los años 60, cuando yo empezaba mi carrera académica, muchas -- si no la mayoría -- de las universidades tenían al profesorado enseñando 12 créditos y algunas hasta 15 créditos. Pasar hasta 15 horas a la semana en un salón de clases puede no parecer mucho para quienes pasan de 35 a 40 horas a la semana en el trabajo. Sin embargo, también está el tiempo requerido para preparar conferencias, calificar pruebas y hacer otras tareas misceláneas en el campus. Incluso así, 12 horas a la semana en un salón de clase no representa un ritmo matador, especialmente para los catedráticos que han enseñado ya durante algunos años y que tienen sus apuntes de años anteriores para las conferencias, éstos les servirán como ayuda para preparar las clases del año en curso. Pero eso era entonces, ahora ya no es así. Hoy, enseñar 6 crédtios se considera trabajo esclavo en muchos campus universitarios. Dicho sea de paso, ya que las horas académicas de clase duran 50 minutos, 6 créditos en realidad representan 5 horas a la semana en el salón de clases. ¿Por qué se consideró necesario reducir a la mitad la carga académica? Principalmente porque se espera que los profesores se dediquen más a la investigación. ¿Por qué se consideró necesario que se hiciera más investigación? Porque la investigación aporta más dinero del gobierno, fundaciones y otras fuentes. En muchas universidades, un miembro nuevo del profesorado no puede esperar ser ascendido a un puesto fijo a menos que ingrese dinero de investigación a las arcas universitarias. Una vez que las 6 horas de enseñanza se convierten en la norma, una universidad que intente economizar poniendo a su profesorado a enseñar 9 ó 12 horas podría acabar teniendo problemas con la Asociación Americana de Catedráticos Universitarios y las agencias de acreditación. La Universidad de Colorado vio su acreditación puesta en peligro por el Colegio de Abogados de Estados Unidos simplemente porque no gastaron suficiente dinero en libros para la biblioteca de leyes -- sin importar que sus estudiantes pasaran el examen de colegiatura en el primer intento y a un nivel más alto que los estudiantes de leyes en Harvard y Yale. Los criterios que usan la mayoría de agencias de acreditación se basan en entradas -- básicamente en gastos -- más que en los resultados para sus alumnos. Por lo tanto, competir entre instituciones académicas raramente toma la forma de bajar sus costos de administración para así reducir el precio de la matrícula. Los incentivos van hacia el otro lado. A menudo competir toma la forma de ofrecer más entretenimiento selecto: salones suntuosos, pistas de bolos, wi-fi, dormitorios más elegantes. Nada de esto significa una mejor educación. Pero mientras los clientes lo sigan comprando -- con la ayuda del gobierno -- las universidades lo seguirán vendiendo. Si quiere saber más sobre Thomas Sowell y leer artículos de otros columnistas y caricaturistas de Creators Syndicate, visite nuestra web www.creators.com. Thomas Sowell es especialista decano de la Institución Hoover en la Universidad de Stanford, Stanford, CA 94305. Su página web es www.tsowell.com.
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