El artículo entero era sobre el creciente costo de la educación universitaria, las dificultades que enfrentan los padres para pagar esos costos y las dificultades que estudiantes y padres tienen tratando de pedir prestado el dinero necesario cuando sus ingresos actuales no cubren los costos de la educación universitaria.
Todo eso queda muy bien en una noticia de "interés puramente humano". Pero hacer política económica en base a historias de interés puramente humano -- que es lo que hacen los políticos cada vez más, especialmente en años electorales -- tiene una gran desventaja para aquellos que no suelen estar en las categorías seleccionadas como para inspirar historias de interés puramente humano.
Generalmente lo que hay detrás de las historias de interés puramente humano, sobre gente con problemas económicos, sean estudiantes o gente con ejecuciones hipotecarias, es que el gobierno debe salir a su rescate, probablemente porque el gobierno tiene tanto dinero y estas personas tienen tan poco.
A diferencia de la mayoría de "bolsillos profundos", los del gobierno se llenan con el dinero de muchísima gente con bolsillos mucho menos profundos. En muchos casos, el contribuyente medio tiene ingresos más bajos que la gente a la que el gobierno prodiga sus favores financieros.
Los costos no están allí para que el gobierno ayude a la gente a pagarlos. Los costos nos están diciendo algo que es peligroso ignorar.
La insuficiencia de recursos para producir todo lo que todos desean es un hecho fundamental de vida en cada economía -- fuese capitalista, socialista o feudal.
Esto significa que el costo verdadero de cualquier cosa se compone del resto de cosas que se habrían podido producir con esos mismos recursos.
La construcción de un puente significa usar recursos que habrían podido usarse para construir viviendas o un hospital.
Ir a la universidad significa usar enormes recursos que se podrían utilizar para todo tipo de otras cosas.
Los precios obligan a la gente a economizar. Subvencionar precios permite a la gente absorber más recursos por un lado y quitárselos a otras cosas sin tener que sopesar el costo real.
Sin los precios de mercado que nos informan de los costos reales de los recursos negados a usuarios alternativos, la gente malgasta.
Ésa era la razón básica por la que las industrias soviéticas usaban más electricidad que las industrias americanas para alcanzar menor rendimiento de producción que las industrias americanas. Por ese mismo motivo usaban más acero y cemento para producir menos que lo que Japón o Alemania producían con las mismas cantidades de acero y cemento.
Cuando uno paga el costo completo de algo -- es decir, el valor completo de los recursos en aplicaciones alternativas -- uno tiende a economizar. Cuando uno paga menos que lo que vale, uno tiende a desperdiciar.
Sea que alguien vaya a la universidad, la clase de universidad y si permanece en ella para hacer el postgrado, son asuntos que tienen que ver con cuánto de esos recursos que otras personas desean, se les quitan para ser usados en aquellos a los que arbitrariamente se han escogido en esas historias de interés puramente humano.
Esto no sólo cuestión de robarle a Pedro para pagarle a Juan. El estándar de vida de toda la sociedad es más bajo cuando los recursos cambian y van de cosas altamente valoradas a cosas menos valoradas y se desperdicia a manos de los que reciben subvenciones o a los que se les permite pagar menos.
El hecho de que el sistema económico soviético permitiese que las industrias derrocharan los recursos se tradujo en el pago de un precio, no en dinero sino en un estándar de vida muchísimo más bajo para los soviéticos que lo que eran capaces de producir con su tecnología y recursos disponibles.
La Unión Soviética era una de las naciones más ricas del mundo entero en recursos naturales -- si no la más rica. Sin embargo, mucha de su gente casi vivía como si perteneciera al Tercer Mundo.
¿Cuánta gente iría a la universidad si tuviera que pagar el costo real de todos los recursos absorbidos desde otras partes de la economía? Probablemente muchas menos personas.
Además, al tener que pagar con su propio dinero, probablemente casi no habría tanta gente pagando de su bolsillo para especializarse en carreras llenas de cursos verborreicos "de buenas vibras" en vez de estudio serio.
Probablemente habría menos personas perpetuándose en el campus por la vida social o como refugio ante las responsabilidades que le esperan a los adultos en el mundo real.
Si quiere saber más sobre Thomas Sowell y leer artículos de otros columnistas y caricaturistas de Creators Syndicate, visite nuestra web www.creators.com. Thomas Sowell es especialista decano de la Institución Hoover en la Universidad de Stanford, Stanford, CA 94305. Su página web es www.tsowell.com.
(C)2008 CREATORS SYNDICATE, INC.
(C)2008 TRADUCIDO POR MIRYAM LINDBERG
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