Confusión informáticaCuando compré uno de esos televisores de rayos catódicos pequeños y baratos, ya pasados de moda y en oferta para mirar algo mientras hago ejercicios en casa, no tenía ni idea de lo informatizados y tecnológicamente sofisticados en que se habían convertido hasta esos sistemas obsoletos.
Tampoco es que eso fuera motivo para la alegría. No podía ni prender el aparato para ver algún canal sin tener que leerme un manual de 60 páginas. A decir verdad, no pude hacerlo incluso después de intentar sacar algo en claro de las instrucciones. La vez que el gurú de mi computadora vino a ayudarme con mis problemas informáticos le pedí que me instalara el televisor para poder prenderlo. Después de leerse el manual de instrucciones y que batallase con todas las opciones de la tecnología punta -- ninguna de las cuales me interesaba en lo más mínimo -- instaló el televisor para que pudiera hacer algo tan elemental como prenderlo y escoger un canal. Lamentablemente, esto no es algo fuera de lo común. Todo tipo de productos informáticos -- cámaras, celulares, hasta el radio del coche -- tienen el mismo problema. Debe haber algún ángulo muerto impidiendo que los ingenieros informáticos vean que (1) la mayoría de personas no son ingenieros informáticos, (2) no tiene sentido hacer complicadas las cosas simples y (3) no todo el mundo está en busca de batallar con tropecientas funciones para poder hacer cosas simples. Empecemos por el principio. ¿Qué es lo primero que uno quiere hacer con cualquier producto informático? Prenderlo. ¿Por qué eso debería ser un problema cuando la gente ha estado prendiendo y apagando cosas por generaciones antes de que hubiera computadoras? Sin embargo, los ingenieros informáticos parecen resueltos a evitar las palabras mismas "apagar" y "prender". Al parecer, sienten la necesidad de acuñar nuevos términos para todo, no importa lo simples o bien conocidas que esas cosas puedan ser. Para las computadoras, la palabra es "Inicio" y uno tiene que darle al "inicio" sea para prender o apagar la computadora. Con mi microondas es "Marcha". Para el radio de mi coche y mi celular no hay palabra alguna. Para otras cosas, es la misma rutina de acuñar nuevas palabras para objetos que la gente ya entiende con palabras antiguas.
Cuando tuve que instalar un radio nuevo en mi carro viejo, le dije al hombre que lo instaló que "yo no fui a M.I.T" y que quería el radio más sencillo que tuviera. Con todo, hasta el radio más sencillo que tenía en existencias venía con más de 100 páginas de instrucciones -- y nada en el radio que dijese "on" u "off". De hecho, ninguno de los botones del radio tenía texto indicando para lo que eran. El hombre que me instaló el radio, me lo prendió. Pero era un carro viejo que no usaba muy a menudo y no quería que el radio estuviese siempre prendido cuando manejaba. Puesto que no me había dicho cómo apagarlo, bastaba con bajarle el volumen al máximo posible, en vez de leerme las 100 páginas de instrucciones. Probablemente nunca habría aprendido cómo apagar ese radio si un día no me hubiera quedado sin batería. Mientras esperaba en un garage por la grúa del seguro, ya que no tenía nada más para leer, agarré el manual del radio. A tiempos desesperados, medidas desesperadas, así es que me leo el manual de instrucciones. Ud. podría pensar que explicarle eso de prender y apagar el radio estaría en la página 1. Pues se equivocaría. Eso sería demasiado obvio y los ingenieros informáticos evitan lo obvio como si fuera una plaga. Finalmente llegué donde el manual decía que para prender el radio había que presionar el botón de la "fuente". Por supuesto, no había nada en el radio en sí que dijera "fuente". No obstante, hojeando las instrucciones finalmente di con un diagrama en el que se identificaba uno de los botones como el de la "fuente". ¡Eureka! Mi nuevo celular tampoco tiene nada que dé una pista de cómo prenderlo o apagarlo y mucho menos de algo tan complicado como llamar a alguien. La próxima vez que se muera la batería de mi carro, leeré el grueso manual de instrucciones del celular para poder llamar a la grúa del seguro. Si quiere saber más sobre Thomas Sowell y leer artículos de otros columnistas y caricaturistas de Creators Syndicate, visite nuestra web www.creators.com. Thomas Sowell es especialista decano de la Institución Hoover en la Universidad de Stanford, Stanford, CA 94305. Su página web es www.tsowell.com.
|
![]() |
|
|||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||
![]()
|
![]()
|






















