Causas Versus CautelaEl autismo es una enfermedad devastadora, tanto para los que la padecen como para sus padres. Por ahora, su origen es desconocido, y si hay alguna cura para esta enfermedad, también se desconoce.
Hay muchas maneras de hacer frente a las tragedias. Una de las menos prometedoras, y a menudo peligrosas, es promover una causa. Abanderar causas puede ser emocionalmente gratificante, políticamente popular y bienvenido por los medios. Pero los promotores de estas causas no son conocidos por su cautela, ni por sopesar la evidencia, ni por contar que los costes que pueden ir mucho más alla del coste pecuniario. Ya ha habido muchas muertes en la causa contra el autismo y puede que haya muchísimas más si se siguen las recientes recomendaciones de la Academia Americana de Pediatría para practicar pruebas de autismo a todos los niños dos veces antes de cumplir los 2 años de edad. Póngase a pensar en esto: ¿Cuánta gente está calificada para diagnosticar el autismo? ¿La suficiente como para hacerle pruebas a todos los niños en Estados Unidos? No es nada probable. El catedrático Stephen Camarata de la Universidad de Vanderbilt ha hecho pruebas y ha tratado a niños con autismo por más de 20 años. "Mientras que es relativamente fácil identificar a niños de 5 años como autistas", según el profesor Camarata, "es mucho más difícil diagnosticar con fiabilidad a niños en edad preescolar o a los que recién están aprendiendo a caminar". La clave está en la frase "con fiabilidad". Cualquiera puede diagnosticar autismo de forma poco fiable, al igual que cualquiera puede pronosticar el tiempo o la bolsa de forma incierta. Las consecuencias de diagnósticos de autismo poco fiables pueden ser traumáticas para padres e hijos por igual. Como resultado de organizar allá por 1993 un grupo para padres de niños con retraso del habla, me topé con muchas historias de devastación emocional por las que atravesaron estos padres ya que sus niños habían sido diagnosticados como autistas -- los diagnósticos resultaron ser mayormente falsos con el pasar de los años. Como resultado de escribir libros acerca de estos padres e hijos -- siendo el más reciente El Síndrome de Einstein -- he oído historias muy similares de boca de más de 100 padres. El catedrático Camarata en Vanderbilt tiene un grupo mucho más grande de padres con niños que sufren retraso del habla, puesto que él se especializa en estudiar y tratar desórdenes del habla e igualmente ha encontrado numerosos casos de diagnósticos falsos de autismo entre niños que padecen ese retraso del lenguaje. Hay algo más que la innecesaria tensión emocional de los padres.
Una vez que se le ha puesto la etiqueta de "autista" a un niño, ésta lo puede perseguir en la escuela y mucho más allá, provocando que el niño sea tratado de forma diferente por profesores, enfermeras y otras personas. Demasiada gente se rehúsa a reconsiderar cualquier evidencia contraria a la etiqueta, por más patente que ésta sea o aunque la evidencia aumente con el transcurrir de los años. La evidencia inicial en la que se basa un diagnóstico de autismo puede que sea nada más que una lista de características observadas en niños autistas, a menudo tramitada por alguien con nada más a la mano que esa lista de características. El problema fundamental es que muchos ítems de esa lista de características pueden aplicarse a muchos niños que no son autistas. Un estudio de niños superdotados, por ejemplo, encontró que muchos de ellos demostraban el tipo de características encontradas en las listas para niños autistas. Según el profesor Camarata, "debido a que no hay marcadores biomédicos fiables para el autismo, el diagnóstico debe valerse de baremos subjetivos que hacen difícil, si no imposible, llevar a cabo la detección adecuada en niños pequeños o de edad preescolar". Pero justamente el planteamiento de la lista de características es el que está siendo impulsado por los que están haciendo campaña a favor de que se haga pruebas de autismo a todos los niños antes de cumplir los 2 años de edad. Como la mayoría de defensores de diversas causas, éstos parecen poco dispuestos a considerar la posibilidad de errores, mucho menos las consecuencias de esos errores. La definición misma de autismo se ha visto ampliada en años recientes para incluir lo que se llama "el espectro autista". Lo que esto significa, entre otras cosas, es que ahora hay mucha más flexibilidad de opciones para aquellos cuyos diagnósticos han demostrado ser incorrectos, para los que se niegan a admitirlo y para los que ahora menos que nunca tendrán que responder por sus valoraciones. Si quiere saber más sobre Thomas Sowell y leer artículos de otros columnistas y caricaturistas de Creators Syndicate, visite nuestra web www.creators.com. Thomas Sowell es especialista decano de la Institución Hoover en la Universidad de Stanford, Stanford, CA 94305. Su página web es www.tsowell.com.
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