Puesto que los adalides raramente se detienen a sopesar el costo de lo que están defendiendo, es especialmente importante que el resto de nosotros sí lo hagamos antes de que nos veamos avasallados por la retórica y las emociones.
Con el foco ecológico, el costo inicial -- que es varias veces el de un foco de toda la vida -- es sólo el costo financiero. Un problema más grande es lo que hacer si un foco ecológico se rompe.
En ese caso, se supone que debemos apagar todos los aparatos de aire acondicionado o calentadores, para evitar que circulen los vapores de mercurio que despide el foco ecológico roto, así como abrir ventanas y puertas para que entre aire fresco.
Las mujeres embarazadas y los niños pequeños deben salir del área mientras que alguien limpia el desbarajuste y esta persona debe usar una máscara de protección y guantes.
¿Qué hacemos si esto sucede cuando hay una mujer embarazada sola, con o sin niños pequeños? ¿Qué hacemos si no hay máscara de protección y guantes a la mano?
Los focos ecológicos son sólo la más reciente "solución" de una larga línea de soluciones que pueden resultar peores que el problema que se pretende subsanar. Pero los adalides de la causa seguirán vendiendo sus soluciones mientras nosotros sigamos comprándolas.
Otra solución política que puede resultar ser peor que el problema que supuestamente iba a solucionar ha sido la reciente cancelación de miles de vuelos nacionales por todo Estados Unidos para que se pudieran llevar a cabo varias inspecciones de "seguridad" a los aviones.
Huelga decir que ésta no fue idea de las aerolíneas, si toma en consideración la cantidad de millones de dólares en ingresos que han perdido. Tampoco fue idea de la Agencia Federal de Aviación (FAA) que generalmente da algo de manga ancha a las aerolíneas en asuntos que no se consideran realmente peligrosos.
La presión de hacer inmediatamente esas inspecciones de "seguridad" y que se subsanen las irregularidades, sin importar los costos, vino de políticos del Congreso; es que es año electoral.
Uno de los verdaderos problemas en todo tipo de asuntos de seguridad es que raramente se sopesan determinados peligros contra el costo de corregir esos peligros, incluyendo el costo de mayores peligros provenientes de X mientras uno está subsanando los peligros provenientes de Y.
En el caso de las aerolíneas, estamos en una era de seguridad sin precedentes en lo que respecta a las aerolíneas comerciales americanas; no hacía falta llevar a cabo a la vez y de inmediato todas las inspecciones que estaban pendientes.
Ya que hubo miles de vuelos cancelados en nombre de la seguridad, eso significa que ha habido por lo menos decenas de miles de pasajeros incapaces tomar los vuelos que habían reservado.
Seguramente algunos de esos pasajeros recurrieron al automóvil para llegar a los destinos a los que en principio habían planeado volar. Puesto que el promedio de los accidentes de carretera por kilómetro ha sido durante mucho tiempo varias veces más alto que el promedio de los accidentes aéreos por kilómetro, eso significa que los peligros para la vida y la integridad física no se han reducido por esta grandilocuente demostración de fuerza política.
Más bien, la gente ha estado expuesta a mayores peligros, ¡en nombre de la seguridad!, algo nada inusual con tanta cruzada de seguridad exageradamente publicitada, sea por políticos o por otros adalides de la seguridad.
Las pruebas y ensayos de fármacos para ver su seguridad, bajo el control de la FDA (Agencia de Fármacos y Alimentos de Estados Unidos) duran años -- a veces por más de una década -- antes de que estos fármacos consigan la autorización para su venta al público.
Esto sucede incluso cuando estos fármacos se han utilizado por años en Europa sin efectos perjudiciales; eso no le importa a la FDA. Ni siquiera permiten que pacientes afligidos con enfermedades potencialmente letales compren las fármacos hasta después de muchos años de pruebas -- si logran vivir todo ese tiempo.
Ésta es sólo una de las formas por las que la gente está muriendo gracias a las reglas de seguridad. Los adalides de la seguridad dicen a menudo que "si eso salva aunque sólo sea una vida" pues vale la pena, sin detenerse a pensar en cuántas otras vidas se pueden estar sacrificando en el altar de la "seguridad".
Puede que algunos adalides de la seguridad se sientan satisfechos creyendo aventajar moralmente a los demás sólo por hacer magnánimas declaraciones. Los políticos que son adalides de la seguridad se quedarán satisfechos si con eso consiguen que uno vote por ellos; en resumidas cuentas eso es lo que buscan.
Si quiere saber más sobre Thomas Sowell y leer artículos de otros columnistas y caricaturistas de Creators Syndicate, visite nuestra web www.creators.com. Thomas Sowell es especialista decano de la Institución Hoover en la Universidad de Stanford, Stanford, CA 94305. Su página web es www.tsowell.com.
(C)2008 CREATORS SYNDICATE, INC.
(C)2008 TRADUCIDO POR MIRYAM LINDBERG
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