"Explotadores" ArruinadosEn uno de esos editoriales de primera plana disfrazados de "noticias", el New York Times culpa a las "lucrativas prácticas crediticias" de bancos y otras instituciones financieras por ayudar a crear la actual crisis financiera de millones de prestatarios y del sistema financiero en general.
Debe tomar o bien un empeño voluntario creer lo que sea que ellos quieran creer, o si no es un cínico deseo de indoctrinar a sus lectores para que el New York Times tilde de "lucrativas" las prácticas crediticias que han llevado a muchas entidades financieras a perder millones de dólares, a algunas a perder miles de millones y a algunas de haberse ido a la quiebra total. Culpar a las entidades financieras también es la línea de los congresistas demócratas. Ellos dicen que lo que hace falta es controlar más a estas instituciones para proteger a los inocentes prestatarios contra prácticas predatorias de préstamo. Antes de que sigamos por ese camino, puede que sea útil echar una mirada retrospectiva para ver qué fue lo que nos llevó a este lío en primer lugar. No hace muchos años atrás, había una indignación moral que permeaba los medios de comunicación porque las entidades financieras eran renuentes a conceder créditos en ciertos barrios y porque los bancos no aproban las solicitudes de créditos hipotecarios de los negros tan frecuentemente como las de los blancos. Todo esto fue la campanada de salida de una campaña para lograr que el Congreso aprobara leyes que obligaran a estas instituciones financieras a conceder préstamos a gente y en sitios donde no invertirían su dinero si pudieran escoger. La práctica de no conceder créditos en algunos barrios se demonizó llamándolo "marginación" (redlining) y el hecho de que los solicitantes de hipotecas pertenecientes a minorías sólo consiguieran la aprobación de su crédito en un 72% mientras que los blancos lo lograban el 89% de las veces, se tildó de "apabullante" evidencia de discriminación en el Washington Post. Algunas personas se sienten más fácilmente apabulladas que otras, especialmente cuando encuentran estadísticas que parecen encajar con sus ideas preconcebidas. Pero si hacemos lo que los políticos y los medios de comunicación raras veces se toman la molestia de hacer -- detenerse a pensar -- entonces emerge una figura completamente distinta. En nuestra propia vida personal, el sentido común nos lleva a evitar ciertos barrios. Si Ud. quiere llamarlo "marginación", así sea. Pero esos lugares donde es peligroso ir son a menudo también lugares donde es peligroso poner el dinero. En cuanto a las diferencias raciales en la aprobación de las solicitudes de créditos hipotecarios, eso no le dice mucho si lo que Ud. está comparando son manzanas con naranjas. Los ingresos, el historial de crédito y el valor neto son apenas algunas de las cosas que varían enormemente de un grupo a otro. Además, de la misma forma que los negros se diferencian de los blancos, los blancos se diferencian de asiático-americanos. El hecho de que a los blancos les rechazen sus préstamos hipotecarios convencionales y que recurran a créditos de riesgo (subprime) más a menudo que los asiático-americanos apenas si se menciona en las "noticias" sobre las prácticas crediticias, aunque esos datos están a disposición general. Aunque sea chocante para algunos, las entidades de crédito están en el negocio de ganar dinero y no les importa mucho de quién sea el dinero con tal que les paguen. Los políticos, por otra parte, están en el negocio de conseguir votos y no les importa mucho de quiénes sean los votos -- o lo que tengan que decir o hacer -- con tal que les voten. Fue la intervención del Gobierno en los mercados financieros, y que ahora se supone es quien debe salvar la situación, lo que creó el problema en primer lugar. Las leyes y regulaciones presionaron a las entidades financieras a que prestaran dinero a esa gente a la que no le daban créditos dada la realidad económica. La ley de Reinversión en la Comunidad las forzó a conceder créditos en lugares donde no querían poner su dinero y donde ni ellas ni los políticos querrían caminar. Ahora que toda esta situación nos ha explotado a todos en la cara, ahora se supone que la intervención del Gobierno que nos trajo este desastre, va a sacarnos del apuro. La política es en gran parte el proceso de atribuirse el mérito ajeno y de echar la culpa a los demás -- sin que importen los hechos. Los políticos se salen con la suya en la medida que nosotros aceptemos inocentemente sus palabras y los miremos como mesías políticos. Si quiere saber más sobre Thomas Sowell y leer artículos de otros columnistas y caricaturistas de Creators Syndicate, visite nuestra web www.creators.com. Thomas Sowell es especialista decano de la Institución Hoover en la Universidad de Stanford, Stanford, CA 94305. Su página web es www.tsowell.com.
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