¿Cómo ayudó el gobierno a crear el lío financiero actual? Déjeme que cuente las maneras.
Aparte de las leyes federales que presionan a las instituciones crediticias a prestar a gente a la que no le prestarían nunca y en lugares donde tampoco invertirían, los gobiernos estatales y federales han restringido tan severamente los permisos para edificar en varias partes del país que todo ha desembocado en precios por las nubes para la vivienda y que a su vez ha llevado a mucha gente a recurrir a la "financiación creativa" para poder comprar esas viviendas artificialmente más caras.
Mientras tanto, la Reserva Federal bajó los tipos de interés a niveles tan bajos que la "financiación creativa" con préstamos hipotecarios sin amortización y sólo el pago de intereses permitieron que la gente pudiera comprar casas que de otra forma no podían permitirse.
Pero no hay nada gratis. Los préstamos pagando sólo los intereses no son eternos. Después de algunos años, esos préstamos hipotecarios típicamente requieren que el prestatario comience a amortizar algo de la deuda principal, lo que se traduce en pagos mensuales que empiezan a subir.
Puesto que todos sabían que los extremadamente bajos tipos de interés de la Reserva Federal no iban a durar para siempre, mucha "financiación creativa" también implicaba hipotecas con interés variable que subirían cuando los intereses en la economía también subiesen en general.
En el mercado inmobiliario, una diferencia de un par de puntos en los intereses puede representar una gran diferencia en el pago mensual de la hipoteca.
Para alguien que compra una casa que cuesta medio millón de dólares -- que puede ser una casa muy pequeña en muchas partes de la zona costera de California -- la diferencia de pagar el 4% a pagar el 6% de interés puede significar más de 7.000 dólares anuales extra.
Para la gente que se ha estirado al límite comprando una casa, un aumento de 7.000 de dólares anuales en el pago de su hipoteca puede ser suficiente para empujarlos al abismo financiero.
Es decir, las leyes y políticas de acción del gobierno a nivel federal, estatal y local han tenido el efecto neto de dejar a entidades financieras y prestatarios en la estacada.
Sin embargo cuando todo empezó a tambalearse, la primera reacción en política y en los medios de comunicación ha sido mirar al gobierno para solucionar el problema porque -- como siempre -- se le llamó fallo del mercado, culpa de los bancos, culpa de todo el mundo excepto de aquellos políticos que crearon esta peligrosa situación en primer lugar.
A los mercados se les echa la culpa a menudo de transmitir una realidad que no fue creada por el mercado.
Por ejemplo, el hecho de que "los pobres pagan más" por lo que compran en las tiendas de barrios modestos se le atribuye a menudo a los que administran estas tiendas, en vez de culpar a los que crean costes adicionales con el crimen, el vandalismo y los disturbios.
Si los dueños de esas tiendas sacaran grandes beneficios, las cadenas de supermercados y grandes almacenes estarían dándose prisa para compartir la bonanza, en vez de evitar barrios de bajos ingresos como si fueran la peste negra.
También se culpó a los mercados por la Gran Depresión de los años 30 y a los políticos del New Deal se les adjudicó el crédito de habernos sacado de allí. Pero cada vez son más los economistas e historiadores que concluyen que la intervención del Gobierno prolongó la Gran Depresión más allá que otras depresiones en las que el gobierno no hizo nada.
El desplome de la bolsa de 1987 fue al menos tan grande como el desplome de la bolsa en 1929. Pero en lugar de que le siguiese otra depresión, le siguió más bien un crecimiento económico de 20 años con baja inflación así como bajos índices de desempleo.
La administración Reagan no hizo nada en 1987, a pesar de la indignación de los medios de comunicación para que el Gobierno estuviera a la altura de sus responsabilidades, según la opinión de los sectores progres. Pero al parecer no hacía falta hacer algo para que los mercados pudieran ajustarse.
Lo último que los políticos pueden hacer en año electoral es no hacer nada. Por tanto nos podemos esperar toda clase de "soluciones" ofrecidas por los políticos de ambos partidos. Y como todas las soluciones políticas, probablemente sólo empeororán las cosas.
Si quiere saber más sobre Thomas Sowell y leer artículos de otros columnistas y caricaturistas de Creators Syndicate, visite nuestra web www.creators.com. Thomas Sowell es especialista decano de la Institución Hoover en la Universidad de Stanford, Stanford, CA 94305. Su página web es www.tsowell.com.
(C)2008 CREATORS SYNDICATE, INC.
(C)2008 TRADUCIDO POR MIRYAM LINDBERG
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