A medida que el mantra hipnótico del "cambio" se repite incesantemente, ya poca gente siquiera se plantea la pregunta sobre qué asuntos en específico de los que escuchamos representan cualquier cambio real, mucho menos aún un cambio para mejor.
¿Aumento de impuestos, un gasto público cada vez mayor y la demonización de las empresas? Eso es sacado directamente del New Deal de los años 30.
El New Deal era nuevo entonces pero no es nuevo ahora. Por otra parte, cada vez son más los economistas e historiadores que concluyen que el New Deal prolongó la Gran Depresión.
Poner nuevas restricciones al comercio internacional, ¿para salvar puestos de trabajo en Estados Unidos? Eso ya lo hizo Herbert Hoover al firmar la ley arancelaria Hawley-Smoot cuando el índice de desempleo era del 9%. Al año siguiente de la ley, el índice de desempleo era del 16% y antes que la Gran Depresión acabara, el desempleo alcanzaba el 25%.
Una de las nociones más ingenuas es ésa de que los políticos están intentando solucionar los problemas del país sólo porque lo dicen, o porque lo dicen en voz alta e infundiendo inspiración.
La principal prioridad de los políticos es solucionar su propio problema que consiste en cómo hacer para que lo elijan y luego para que lo reelijan. Barack Obama es un político de pies a cabeza, aunque fingir no serlo es su estrategia especial para conseguir ser elegido.
Algunos de sus más fieles seguidores están descubriendo tardíamente justamente eso a medida que "refina" su posición en varios temas ahora que ya consiguió los votos necesarios en las primarias demócratas y que necesita los votos de otros en las próximas elecciones generales.
Quizás un momento definitorio que muestra las prioridades del senador Obama fueron sus declaraciones, en respuesta a una pregunta de Charles Gibson, de que él está a favor de subir los impuestos a las ganancias de capital. Cuando Gibson le recordó el bien documentado hecho de que bajar los impuestos a las ganancias de capital ha producido más ingresos para las arcas públicas que los impuestos más altos en sí, Obama se quedó impertérrito.
El asunto de cómo lograr más ingresos para el fisco puede ser un tema económico pero el tema político de darle el sablazo a los "ricos" en nombre de la "igualdad" da más votos.
Puesto que alrededor de la mitad de la gente en Estados Unidos es dueña de acciones -- sea directamente o porque sus fondos de jubilación compran acciones -- el sablazo para los que consiguen ganancias de capital no es de forma alguna dárselo sólo a los "ricos". Pero, una vez más, ése es uno de los muchos hechos que no importan en lo político. Lo que sí importa políticamente es la imagen de estar del lado del "pueblo" y contra los "privilegiados".
Si Ud. es enfermera o mecánico y dependerá de una pensión para los días de su vejez cuando se jubile -- ya que es inverosímil que la Seguridad Social se la pueda proporcionar -- Ud. no puede pensar en sí mismo como uno de los privilegiados. Pero a menos que Ud. ate cabos entre los impuestos de las ganancias de capital y los ingresos de su jubilación, Ud. puede caer bajo el encanto de la bien pulida retórica de Obama.
Obama está a favor de subir el salario mínimo. ¿A álguien le importa lo que sucede realmente en países con un salario mínimo más alto? Por supuesto que no.
Los economistas pueden referirle a estudios hechos en países alrededor del mundo, demostrando que un salario mínimo más alto generalmente se traduce en más paro entre trabajadores poco cualificados y con menos experiencia laboral.
Bueno, ése es su problema. El problema del político es cómo parecer que está a favor de los "pobres" y contra aquellos que los están "explotando". Los hechos son irrelevantes a la hora de perpetuar esa imagen política.
En ninguna otra parte importan menos los hechos que en asuntos de política exterior. Nada es más popular que la idea de que uno puede hacerle frente a los peligros que representan otras naciones con sólo hablar con sus líderes.
El primer ministro británico Neville Chamberlain se volvió enormemente popular en los años 30 por sentarse a hablar con Hitler y anunciar que el mutuo acuerdo había dado como resultado "paz en nuestro tiempo" -- apenas un año antes de que empezara la guerra más catastrófica de la historia.
Hoy en día el senador Obama puede alcanzar una popularidad similar abogando por políticas similares -- y poularidad política personal que es de lo que se trata. Las consecuencias para el país vienen más adelante.
Si quiere saber más sobre Thomas Sowell y leer artículos de otros columnistas y caricaturistas de Creators Syndicate, visite nuestra web www.creators.com. Thomas Sowell es especialista decano de la Institución Hoover en la Universidad de Stanford, Stanford, CA 94305. Su página web es www.tsowell.com.
(C)2008 CREATORS SYNDICATE, INC.
(C)2008 TRADUCIDO POR MIRYAM LINDBERG
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