Con todo el alboroto en los medios y en la política por los altos precios de la gasolina, ¿será que la explicación al respecto es tremendamente compleja?
Pero ¿acaso hay algo de complejo en entender que hay dos países -- India y China -- que están en rápida expansión económica y que tienen poblaciones 8 veces mayores que la de Estados Unidos, y son los que están creando el aumento en la demanda mundial de petróleo?
El problema no es que la oferta y la demanda impliquen una explicación complicada. El problema es que la oferta y la demanda no constituyen una explicación emocionalmente satisfactoria. Para eso, hace falta tener melodrama, héroes y villanos.
Está claro que mucha gente prefiere culpar al presidente Bush. Otros prefieren echarle la culpa a las compañías petrolíferas, que desde hace mucho son los villanos favoritos de la izquierda.
Los políticos entienden eso. Muchas veces han llamado a declarar ante comités del Congreso a los directivos de empresas petrolíferas para que se les pueda denunciar en televisión a nivel nacional por "avaros" mientras los políticos exigen una investigación federal "¡para llegar al fondo del asunto!".
A eso sí que se le llama emocionalmente satisfactorio -- a fin de cuentas es lo que se busca. Para cuando concluya la penúltima investigación federal -- y no descubran nada que pruebe las villanías que se supone son la causa detrás de los altos precios de la gasolina -- la atención de la mayor parte de la opinión pública estará centrada en otra parte.
Los periódicos que usando grandes titulares publicaron en primera plana esas acusaciones incendiarias pondrán en algún rincón del periódico la noticia de que al completar las investigaciones no se encontró nada extraño.
Esto es lo que ha sucedido por lo menos una docena de veces durante las últimas décadas y seguramente pasará otra vez.
¿Y qué me dice de esos beneficios "obscenos" de las compañías petroleras de los que tanto oímos hablar?
Un economista se podría preguntar: "¿Obscenos si los comparamos con qué?" ¿Con las inversiones realizadas? ¿Con las que se requieren para encontrar, extraer y refinar nuevos yacimientos de petróleo?
Plantear preguntas así están entre las muchas razones por las que los economistas nunca han sido muy populares.
Si la "avaricia" empresarial es la explicación a los altos precios de la gasolina, ¿por qué será que los impuestos que cobra el Estado no son una señal aún más grande de "avaricia" por parte de los políticos ya que los impuestos hacen que el precio de la gasolina sea más alto y además son mayores que los beneficios de las compañías petrolíferas?
Sin entrar en los méritos o deméritos de la propuesta del senador John McCain para que se suspendan temporalmente los impuestos federales a la gasolina, eso seguramente logrará bajar los precios en vez de si se confiscaran todas las ganancias de las compañías petrolíferas.
Pero eso no sería tan emocionalmente satisfactorio.
El senador Barack Obama entiende claramente las necesidades emocionales de la gente y cómo hacerles frente. Él quiere subirles los impuestos a las compañías petrolíferas.
Cómo lograremos con eso encontrar más petróleo o bajar el precio de la gasolina es un problema que se le puede dejar a los economistas para que lo resuelvan. El problema del político es cómo sacar más votos -- y una de las formas más eficaces de conseguirlo es ser el héroe que nos salvará de los villanos.
Todos hemos escuchado alguna vez que viene la caballería al rescate. Pero ¿alguna vez ha oído decir lo de economistas al rescate?
Mientras los economistas hablan de oferta y demanda, los políticos hablan de compasión, "cambio" y de estar del lado de los ángeles -- y en contra de que perforemos para sacar nuestro propio petróleo.
¿Algún economista ha atraído alguna vez el tipo de multitudes entusiastas que Barack Obama tiene -- o siquiera las muchedumbres que Hillary Clinton o John McCain atraen?
Si Ud. quiere multitudes entusiastas, ni se moleste en estudiar economía. Eso sólo lo limitará. Dígale a la gente lo que quiere escuchar -- y no será la oferta y la demanda.
No, la oferta y la demanda no son demasiado "complejas". Simplemente no son emocionalmente satisfactorias.
Si quiere saber más sobre Thomas Sowell y leer artículos de otros columnistas y caricaturistas de Creators Syndicate, visite nuestra web www.creators.com. Thomas Sowell es especialista decano de la Institución Hoover en la Universidad de Stanford, Stanford, CA 94305. Su página web es www.tsowell.com.
(C)2008 CREATORS SYNDICATE, INC.
(C)2008 TRADUCIDO POR MIRYAM LINDBERG
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