La tienda de pinturas es parte de una cadena de tiendas y a un estruendoso segmento de la población local no les gustan las cadenas de tiendas. Éstas ya están prohibidas en algunas zonas de San Francisco, y al menos un miembro de la Mesa de Supervisores piensa prohibir que otras cadenas de tiendas puedan establecerse en otras áreas.
Las cadenas de tiendas han sufrido rechazo durante décadas tanto a nivel local como nacional. Aprovechando la economía de escala que hace que sus costos operativos bajen, las cadenas pueden cobrar menos que el pequeño comercio independiente y por tanto las cadenas atraen a los clientes lejos de estos competidores con mayores costos operativos.
Sin lugar a dudas, no es demasiado "complejo" entender cómo funciona la economía de toda esta realidad. Sin embargo, la política no es economía y los políticos tienden a responder a las reacciones emocionales de la gente; si las realidades económicas les entorpecen el trabajo, tanto peor para la economía.
Si nos remontamos hasta los años 30, vemos toda clase de leyes y decisiones judiciales intentando evitar que las economías de escala reflejen sus costos más bajos en sus precios de venta al público porque llevan a sus competidores a la quiebra.
Los economistas podrían decir que los beneficios siempre tienen costos , que no hay nada gratis, pero ¿cuántos votos tienen los economistas?
Hubo una época en la que los tribunales les habrían puesto un stop a los políticos para que no interfirieran con los derechos de propiedad del pueblo al prohibir las cadenas de tiendas. Después de todo, si quienquiera que sea el dueño del edificio vacío en San Francisco quiere alquilárselo a la compañía de pinturas y la compañía de pinturas está dispuesta a pagar el alquiler, ¿por qué deben inmiscuirse en ello los políticos en primer lugar?
Sin embargo, una vez que la idea de una "Constitución viviente" se puso de moda, los jueces han "interpretado" la protección constitucional de los derechos de propiedad hasta prácticamente desaparecerla.
Los que más pierden no son las personas que poseen propiedades sino la gente que tiene que pagar precios altos más porque los políticos dificultan la entrada en la comunidad a las empresas que cobran precios más bajos.
A pesar del mito político de que el gobierno nos está protegiendo de las grandes empresas cobrando precios de monopolio, los hechos fríos nos dicen que las acciones gubernamentales se han dirigido más contra las empresas de bajo costo que contra las que cobran altos precios.
Los casos antimonopolio más grandes de hace un siglo fueron contra Great Northern Railroad y Standard Oil Company. Ambos cobraban precios más bajos que sus competidores.
La ley Robinson-Patman de 1936 se llamó la "Ley anti-Sears Roebuck" porque iba dirigida nuevamente contra ésta y otras cadenas que cobraban precios más bajos que los minoristas más pequeños no podían igualar.
Durante mucho tiempo, se establecieron las llamadas leyes de comercio justo diseñadas para evitar que los negocios de bajo costo cobraran precios baratos que provocaran la quiebra de los negocios con altos costos operativos.
Afortunadamente, al final prevaleció la suficiente cordura y se rechazaron las leyes de comercio justo. Pero las necesidades emocionales que esas leyes cubrían, seguían latentes y hoy encuentran un escape en su hostilidad hacia Wal-Mart y otros grandes almacenes -- especialmente en San Francisco y en otros bastiones de la izquierda progre.
La gente tiene todo el derecho a ventilar sus emociones pero corriendo con los gastos. Desafortunadamente, a través de la política, esas emociones se traducen en leyes y decisiones administrativas de gente que no paga ningún precio por complacer sus propias emociones o las emociones de la gente que vota por ellos.
Fue por eso que en la Constitución se intentó ponerle barreras al poder del Estado, el derecho de propiedad era una de esas barreras. Pero, una vez que los jueces empezaron a decir que el "interés público" está por encima de los derechos de propiedad, eso dejó libres a los políticos para llamar "interés público" a cualquier cosa que quisieran hacer.
Ni la economía ni los derechos de propiedad son tan "complejos" de entender. Pero ambos se interponen en el camino de la gente deseosa de negarles a otros el derecho a tomar sus propias decisiones.
A quien no le gusten las cadenas de tiendas, es libre de no ir a comprar allí. Pero eso es completamente diferente a decir tener el derecho de evitar que otros ejerzan su propia libertad de elección. Eso no es tan "complejo" de entender.
Si quiere saber más sobre Thomas Sowell y leer artículos de otros columnistas y caricaturistas de Creators Syndicate, visite nuestra web www.creators.com. Thomas Sowell es especialista decano de la Institución Hoover en la Universidad de Stanford, Stanford, CA 94305. Su página web es www.tsowell.com.
(C)2008 CREATORS SYNDICATE, INC.
(C)2008 TRADUCIDO POR MIRYAM LINDBERG
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