La Economía Al RevésDesde programas especiales de televisión a editoriales en los periódicos, los medios de comunicación están promoviendo la idea de que los actuales problemas económicos los causó el mercado y que solamente el gobierno puede salvarnos.
Lo que le faltaba al mercado inmobiliario, dicen, era que el Gobierno regulara la "codicia" del mercado. Eso es material de primera para un gran melodrama moral, pero pinta al revés la realidad de las cosas. Fue justamente la intervención del Gobierno lo que convirtió una industria próspera en una desgracia. Un economista especializado en mercados financieros describía en pocas palabras la historia del mercado inmobiliario cuando dijo: "Conceder préstamos hipotecarios a los compradores americanos había sido uno de los negocios menos riesgosos y más provechosos que pudiera hacer un banco durante casi un siglo". Así era el mercado hasta que el Gobierno intervino. Y como muchas intervenciones del Gobierno, comenzó de a poco y se fue expandiendo. En Estados Unidos, la Ley de Reinversión Comunitaria de 1977 ordenaba a las agencias federales reguladoras a que "exhortaran" a los bancos y otras instituciones crediticias a que "ayudaran a cubrir las necesidades de crédito de las comunidades locales en las que están autorizados a operar y a que lo hagan de forma que sea consistente con el estándar de buenas prácticas bancarias". Esto suena bastante inocente y, de hecho, tuvo poco efecto durante más de una década. Sin embargo, su premisa era que burócratas y políticos saben mejor que los banqueros a quién se le debe conceder un préstamo. El verdadero potencial de esa premisa llegó a ser evidente en los años 90, cuando el Departamento americano de Vivienda y Desarrollo Urbano impuso el requisito de que las entidades que concedieran préstamos hipotecarios demostraran con datos comprobables que estaban cumpliendo con su responsabilidad según la Ley de Reinversión Comunitaria. Lo que el Departamento quería eran cifras que demostraran que se estaban concediendo préstamos hipotecarios a gente de bajos y medianos ingresos al nivel que el Departamento deseaba, incluso si esto requiriese estándares "innovadores o flexibles" de elegibilidad hipotecaria. Es decir, se impusieron cuotas -- y si algunas personas no cumplían los requisitos, entonces había que cambiar los estándares. El Departamento de Vivienda y Desarrollo Urbano y el Departamento de Justicia empezaron a poner querellas por discriminación contra las entidades hipotecarias que no hubiesen concedido más préstamos a las minorías que a los blancos.
Aunque una mayoría sustancial de solicitantes blancos y negros hubiesen conseguido que se aprobaran sus préstamos, si había alguna diferencia estadística, eso era razón suficiente para ponerle una querella al banco. Vale la pena hacer hincapié en que las mismas fuentes estadísticas de las que se obtenían los datos sobre negros y blancos también contenían por lo general datos sobre asiático-americanos. Pero los datos de éstos últimos casi nunca se mencionaban. A los blancos les denegaban préstamos hipotecarios con mayor frecuencia que a los asiático-americanos. Pero decirlo habría socavado el razonamiento sobre el que se basaba todo el melodrama moral y político de esta campaña. Las querellas eran solamente parte de las presiones a las que los banqueros se veían sometidos por los funcionarios del Gobierno. Los bancos y otras entidades financieras están regulados por diversas agencias del Gobierno y deben acudir a éstas para la aprobación de muchas decisiones de negocios que otras empresas toman sin necesitar la aprobación de nadie. Los reguladores del Gobierno se negaban a aprobar esas necesarias decisiones cuando el banquero estaba bajo investigación por no presentar estadísticas satisfactorias de préstamos concedidos a gente de bajos ingresos o perteneciente a las minorías. Ante la presión cada vez mayor de la administración Clinton y más adelante de la administración de George W. Bush, los bancos comenzaron a bajar sus estándares para conceder créditos. Préstamos hipotecarios sin depósito inicial, sin verificar los ingresos reales y otros arreglos financieros "creativos" comenzaron a abundar. Aunque esto se hiciera bajo presiones que comenzaron en nombre de los pobres y de las minorías, gente que no era ni lo uno ni lo otro también logró conseguir ese tipo de préstamo hipotecario. Con hipotecas fácilmente disponibles para gente que tenía dudosas perspectivas de cumplir con los pagos, hablamos de una invitación abierta al desastre financiero. Aquellos que advirtieron sobre los peligros de estas prácticas vieron cómo se desestimaban sus advertencias, Ahora, al parecer, la solución de esta pesadilla es tener a más políticos interviniendo más industrias -- si hemos de creerle a los políticos y a los medios de comunicación. Si quiere saber más sobre Thomas Sowell y leer artículos de otros columnistas y caricaturistas de Creators Syndicate, visite nuestra web www.creators.com. Thomas Sowell es especialista decano de la Institución Hoover en la Universidad de Stanford, Stanford, CA 94305. Su página web es www.tsowell.com.
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