En busca de pulir sus credenciales de líder en política exterior, la senadora Clinton ha vendido una y otra vez una desgarradora anécdota acerca de cómo esquivó disparos de francotiradores durante un viaje a Tusla, Bosnia, en 1996. Había llevado a su hija Chelsea -- por ese entonces una adolescente -- a la peligrosa misión. Y al actor Sinbad. Y a la cantante Sheryl Crow. Y, ay, sí, también estaba Emina Bicakcic, una niña bosnia de 8 años de edad que abrazó tranquilamente a la intrépida primera dama y le leyó un poema estando en la pista de aterrizaje -- mientras un enorme contingente de niños, padres y curiosos los rodeaba sin la menor preocupación por balas voladoras.
Cuando Sinbad, el Washington Post y todos los comprobadores a mano en Internet y bajo el sol desmintieron su gran mentira, la senadora Clinton dobló la apuesta. Menospreció a Sinbad tachándolo de ser sólo un "cómico". Sostuvo que ella y sus compatriotas salieron corriendo por su seguridad con "la cabeza agachada". Se aferró a su cuento de que "tuvieron que meterse dentro por los disparos". Y lo adornó aún más: "No hubo ceremonia de bienvenida, prácticamente nos dijeron que corriéramos a nuestros carros. Eso es lo que pasó".
Esta semana cuando salió a relucir el video de la alegre ceremonia de bienvenida y no se veía nada de eso, el síndrome de déficit de veracidad de Hillary entró en acción y llovieron las excusas sintomáticas. Dijo que "se había expresado mal". Además le restó importancia, "digo muchas cosas -- millones de palabras al día -- así es que si digo mal las cosas, simplemente fue algo mal dicho".
Un impagable eslogan de campaña sería: Cuanto más habla, "peor" dice las cosas ¡Por fin! Veracidad en la publicidad Clinton. (A propósito, en mi familia a eso le decimos "diarrea verbal".)
Y lo que le falta. Desestimó su engaño de Tusla simplemente como "una anomalía pasajera". Y tan pasajera que la contó, la volvió a contar y la adornó en su autobiografía del año 2003, en Dubuque (Iowa), en Waco (Texas) y en Washington DC, durante los 3 últimos meses para ilustrar su valentía, su fortaleza, su experiencia y su inmensa veteranía en política exterior si se compara con la de Barack Obama.
El martes en una entrevista de radio, Hillary culpó de su hipocresía congénita a que "le falta dormir".
Ésta es la mujer que durante más de una década insistió en que le pusieron su nombre en honor al gran escalador de montañas, el fallecido Sir Edmund Hillary -- no importa que ella hubiera nacido 6 años antes de que él escalase el Monte Everest en 1953.
Ésta es la mujer que contó en el programa Dateline NBC que su hija estaba haciendo jogging en Nueva York el 11 de Septiembre cuando los yihadistas nos atacaron -- no importa que más tarde Chelsea escribiese un ensayo para una revista revelando que vio los ataques por televisión en la casa de un amigo.
Ésta es la mujer que afirmó haber "ayudado a echar a andar" el Programa Estatal de Seguro Médico para Niños (SCHIP, por sus siglas en inglés) -- no importa que los patrocinadores originales del programa señalasen que la senadora Clinton estuvo en contra del primer proyecto de ley y que no tomó parte escribiendo esa ley.
Ésta es la mujer (secundada por su esposo e hija) que se vanagloriaba de ser "la primera" en llamar "genocidio" al desastre de Darfur -- no importa que varios senadores lo hubieran hecho ya en 2004, mientras que su primer comunicado de prensa en el que se refería a Darfur como "genocidio" no salió hasta marzo de 2006.
Ésta es la mujer que afirmó haber organizado reuniones "decisivas" en Belfast y afirmó audazmente que ella "ayudó a traer paz a Irlanda del Norte" -- no importa que los negociadores clave la hayan descartado como "totalmente invisible", "porrista" y "un poquito boba".
Y eso que todavía no hemos llegado a la era Whitewater, en la que justamente, no por coincidencia, empieza su aventura imaginaria en Tusla esquivando balas -- sincronizada para distraer la atención lejos de todas las deshonestidades y tratos sucios tanto suyos como de su esposo.
Por lo menos, Hillary "es-culpa-de-mi-madre-que-mintiera- en-lo-de-mi-nombre-en-honor-de-Sir-Edmund-Hillary" Clinton y Bill "tengo-vívidos-recuerdos-de-iglesias-negras-en-llamas-que-ay-oh-ejem-OK-nunca-estuvieron-en-llamas" Clinton pueden sentirse orgullosos de haber educado a una hija que no está lejos del aforismo "de tal palo, tal astilla" ni de la realidad alternativa. El lunes le preguntaron en Bloomington (Indiana) que explicara cómo sobrevivió al inexistente fuego de francotiradores, la Primera Hija, con un prometedor futuro en la literatura de ficción, respondió como una seda: "Estuvimos bien protegidos por nuestro Ejército y por el Servicio Secreto de Estados Unidos".
¡Quién lo iba a decir! Vaya candidatos presidenciales tienen los demócratas: Un candidato cuyo gurú espiritual durante 20 años ha tenido una relación enfrentada con Estados Unidos y otra candidata que tiene una perpetua relación enfrentada con la verdad.
Michelle Malkin es autora del nuevo libro: "Unhinged: Exposing Liberals Gone Wild". Su correo electrónico es malkinblog@gmail.com.
(C)2008 CREATORS SYNDICATE, INC.
(C)2008 TRADUCIDO POR MIRYAM LINDBERG
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