Pese a toda su supuestamente única y trascendente sapiencia sobre el asunto racial en Estados Unidos, el discurso de Obama acabó siendo más y más de lo mismo. A la mística del fulgurante Obama le ha sucedido lo que a las ropas del emperador. En vez de responsabilidad, nos dio excusas. En vez de rechazar la demagogia, nos aporrearon con el mazo de la equivalencia moral. En vez de rechazar el mantra izquierdista del "Échele la culpa a Estados Unidos" muy propio del nacionalismo negro, nos dio más del "Échele la culpa al hombre blanco". Más y más de lo mismo.
Durante 2 décadas, Obama estuvo unido a un pastor buscapleitos y difusor de una versión resentida de la marxista "teología negra de la liberación" en nombre de Dios. Detrás de la "audacia de la esperanza" había un predicador del agravio animado por la voracidad del odio. Y entienda esto: El reverendo Jeremiah Wright y Barack Obama no eran simples "asociados" de paso. Eran mentor y pupilo, gurú y alumno con entrelazados destinos y suertes.
Durante 2 décadas, mientras usaba esa iglesia para cimentar su base de poder y credibilidad en la comunidad negra de Chicago, Obama se hizo el loco ante las teorías conspiratorias de Wright sobre el SIDA, las arengas a favor de la guerra de clases, los delirios contra Israel y contra los blancos, las diatribas del "Dios maldiga a América". No se trataba de arrebatos ocasionales. Eran el pilar de la Trinity United Church of Christ. Ahora Obama echa la culpa a los "presentadores y comentaristas conservadores" por poner al descubierto el rencor de Wright cimentado en el tema racial. Vaya si es audaz.
Primero Obama procuró reducir al mínimo el grado en el que se había visto expuesto al politiqueo venenoso de Wright desde el púlpito. "Ninguna de estas declaraciones las he oído yo personalmente en el banco de la iglesia" contestaba Obama al entrevistador de Fox News, Major Garrett. "Las otras declaraciones las acabo de oír cuando estábamos... cuando comenzaron a mostrarlas en Fox y algunas otras televisiones. Por tanto, no eran cosas a las que yo estuviera acostumbrado".
Ahora Obama ya ha cambiado de opinión: "Ya he condenado en términos muy claros las declaraciones del reverendo Wright que tanta controversia han despertado.
El listillo senador Obama ha intentado poner un cortafuegos para protegerse contra las preguntas indagando qué declaraciones escuchó, toleró y no objetó mientras estaba sentado en el banco de la iglesia. Explicaba Obama que explayarse sobre lo que sabía, dónde y cuándo sería "simplificar, estereotipar y amplificar lo negativo al punto que distorsionaría la realidad".
Pero es el pastor de Obama ("ex pastor" como se apresura ahora en precisar, aunque haya sido su mentor durante 2 décadas) quien tiene una visión distorsionada de la realidad. Y es Obama quien distorsiona la verdad equiparando a este Ward Churchill eclesiástico con casi ser un tío adorable, un miembro de la familia al que no se puede rechazar fácilmente:
"No puedo renegar de él al igual que no puedo renegar de la comunidad negra. No puedo renegar de él al igual que no puedo renegar de mi abuela blanca -- una mujer que ayudó a educarme, una mujer que se sacrificó por mí una y otra vez, una mujer que me quiere tanto como se quiere todo en este mundo, pero una mujer que alguna vez me confesó su miedo por los hombres negros que pasaban por su calle y que en más de una ocasión ha hablado de estereotipos raciales o étnicos que me han horrorizado".
Es bueno saber que algo horroriza a Obama.
Incluso mientras negaba que se estaba justificando y disculpando la demagogia de Wright, Obama estaba haciendo justamente eso al invocar la esclavitud, a Jim Crow, las escuelas segregadas, la violencia en la ciudad y, sí, la negativa al acceso a hipotecas aseguradas por el gobierno para explicar cómo se hace para que Wright vomite su "Dios maldiga a América" los domingos por la mañana.
"Esta gente es parte de mí. Y ellos son parte de América, país que amo" declaró Obama algo tieso mientras muy conscientemente estaba parado delante de más banderas americanas de las que nunca se había puesto en esta campaña.
Bueno, uno no puede escoger a su abuela, pero sí puede escoger a su pastor. Y Obama escogió al pastor equivocado, si es que él aspira a ser el presidente de Estados Unidos para todos -- un país que incluye a ciudadanos de todos los colores y a los que horroriza oír interesadas racionalizaciones raciales disfrazadas de salvación moral.
(C)2008 CREATORS SYNDICATE, INC.
(C)2008 TRADUCIDO POR MIRYAM LINDBERG
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